A partir de la década de 1960, se ha hecho mas evidente la relación simbiótica entre cultura, ciencia y tecnología.
En la actualidad, un avance científico se le corresponde de inmediato a un desarrollo tecnológico que cambia el modo de vida de muchas personas.
Así es como ha surgido el concepto de tecnociencia, para designar el contexto social y tecnológico en que producen los avances científicos.
En este sentido, el término también reconoce que el consentimiento científico también es sostenible y perdurable a partir de su efecto en la sociedad y la cultura.
El principio básico de la tecnociencia es el de llevarla a la experimentación científica problemas propios del desarrollo tecnológico.
De esta manera, lo que suele investigarse, dentro del entorno propio de la ciencia, son los medios instrumentales y los gestos técnicos necesarios para la creación y el empleo de herramientas, máquinas y, sobre todo, instrumentos. Un ejemplo de tecnociencia es el proyecto espacial de los Estados Unidos De América, cuyo objetivo era llevar al ser humano a la Luna. Para posibilitar esta hazaña, se tuvo que investigar sobre materiales resistentes al calor, el comportamiento de las personas ante la falta de atmósfera y gravedad y, en especial, sobre la miniaturización de las máquinas y los instrumentos de control necesarios. Estas investigaciones, aplicadas en otros ámbitos, más terrenales, llevarían, por ejemplo, al surgimiento de la micro-computación.
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